lunes, 14 de enero de 2008

Mi primera maleta, a sugerencia de mi amiga Yve



Allá por los años 80's tuve que comenzar una nueva etapa de mi vida estudiantil en las montañas del Escambray villaclareño. Elegí ir a hacer la secundaria básica en una ESBEC(Escuela Secundaria Básica en el Campo). Y digo elegí porque realmente fue mi decisión. Tenía la opción de hacer mis estudios secundarios en una ESBU(Escuela Secundaria Básica Urbana) pero el alumnado que iba a esa escuela no me agradaba mucho. Prefería la gente del campo, siempre mas auténtica y sencilla. Fue en aquella época que tuve mi primera "maleta", si es que a un cajón de madera no preciosa con un candado para tratar de protegerla, se puede llamar de esa manera. Era un niño cuando decidí separme de mi familia y dar el paso con mi maleta. Lo del candado, pura decoración ya que en la primera semana se fue del aire y abrieron la caja de seguridad y se llevaron todo. Así mismo, todo todito. Opté por dejarla abierta a partir de ese día. Quien haya estado en una beca en Cuba sabrá de lo que estoy hablando y no se asombrará en lo más mínimo. Maletas había allí de todos tipos, tamaños y materiales. Pero no vayan a representarse en su mente las marcas mas conocidas como Samsonite, Polo, Ralph Laurent, etc. Imagínense objetos artesanales en bruto y desagradables a la vista. Pero eso si, bien prácticos. Las maletas eran multiuso, o sea, servían para todo. Si ibas a merendar en tu habitación, a causa de la falta de muebles, utilizabas la maleta. Si tenías que esperar la guagua(autobús) de la escuela para ir o regresar a tu casa y estaba rota o no había gasolina como sucedía a menudo, pues te recostabas en tu maleta. Si estabas aburrido y querías matar el tiempo jugando cartas o dados, pues también lo hacías encima de la maleta. No había preocupación con aquellas maletas, porque ¿quién se la iba a robar, quién iba a cargar con aquella caja de muerto? Eso era impensable. Entonces no todo era negativo. Sabías que donde la dejaras allí iba a estar, claro podías quizás encontrarla vacía pero ella, la maleta no te dejaba ni te cambiaba por nadie. Solamente ella, sin nada dentro pesaba más que un matrimonio mal llevado como decía mi abuela. Y nosotros que en aquel tiempo no levantábamos ni tres cuartas del piso, teníamos que cargar con ella. Allí olvídense de las elementales reglas de cortesía de que un varón le iba a llevar la maleta a una niña. Nada de eso, cada uno con la suya porque nadie estaba para afectarse la columna. Pero a pesar de todo como uno se encuentra inmerso en ese mundo llega a creer que las únicas maletas que existen en él son esas ya que no tienes punto de comparación. Íbamos orgullosos con nuestras maletas cada domingo en la noche llenas de chucherías y regresábamos cada viernes en la tarde a la casa con ellas llenas de ropa sucia. Por suerte todos estos tiempos han quedado atrás y ahora las maletas que poseo son bien diferentes de aquellas, aunque debo confesar que no me arrepiento de haberlos vivido. Como las cosas van involucionando quien sabe si un día se regresa a las antiguas maletas. Si llegara a suceder ya estoy preparado y será mas fácil y menos traumático el cambio.

3 comentarios:

ALNITAK dijo...

Mi primera maleta me fue prestada cuando no pude correr mas y la escuela-al-campo me atrapo :)
-Caja grande de madera, con candado, como un escaparate portatil!
La segunda maleta, sin embargo, fue de mayores repercusiones: la que traje conmigo desde La Habana. Libros y mas libros. Dibujillos y cosas de amigos :)
Maletas y mas maletas... Dichoso equipaje emocional ^_^

terreno de pelota dijo...

amigo, a todas partes vamos y en todas partes estamos, como dijo el apóstol, un saludo desde Chile, y te invito a visitar mi blog de pelota, Uziel

Yvette dijo...

Hay Ale Gracias, no habia venido por aca!
Saludos y dime como puedo ver tus fotos del ultimo viaje.
Un beso.